
La filtración de más de un cuarto de millón de documentos de la diplomacia estadounidense por parte de WikiLeaks sigue mostrándose como una fuente profunda de la que cada balde que sube a la superficie saca a relucir nuevos secretos sucios y resquemores entre supuestos países que en público exhiben una alianza inquebrantable.
En los últimos días, el Gobierno estadounidense se ha puesto en contacto con varios países (Reino Unido, Australia, Israel, Noruega, Dinamarca, Canadá, Rusia e Italia) para advertirles de la sensibilidad del material que se iba a difundir.
Revelan que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon y los representantes de China, Rusia, Reino Unido y Francia, todos ellos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, se encuentran en el punto de mira de los servicios de inteligencia de EEUU.
Según la filtración de Wikileaks, EEUU ha pasado por alto los estatutos en su afán por indagar en cientos de asuntos, entre los que se encuentran "la relación o financiación entre el personal de la ONU y/o las misiones y las organizaciones terroristas"; los planes de presión a las investigaciones en relación con el trato a los detenidos en Irak, Afganistán o Guatánamo


